martes, 23 de mayo de 2017

AD HOC TRINA MIENTO.



A mí me caen bien los catalanes. Son listos como ajos, que decía mi santa abuela.
Hace unos días leía que en Cataluña, en los libros de texto  de los colegios, nombran a España para desacreditarla y las más de las veces ni siquiera la nombran. También leía que se exageran, cuando no se inventan, batallas, reinos y gestas como si se tratara de evangelistas creando una religión. Escribí una frase afortunada en Fisbuk  en los siguientes términos: AD HOC TRINA MIENTO. A pesar de ello, cientos de lectores ( uno, concretamente), no me entendieron. Soy, paciente lector, muy imaginativo y no puedo dejar de imaginarme el modo en que en algunas tierras se acreditan los hechos. Os lo contaré a la par que  explico, sin asomo de duda, qué significa exactamente la frase en cuestión.
Ad Hoc. Es una expresión latina que significa “para esto”.
El trino es el canto del pájaro.
Miento, es eso. No decir la verdad.
Es fácil saber con estas premisas cómo se acreditan hechos en algunos lugares;  “para esto” se toma un pájaro y un prohombre o un conjunto de prohombres o un grupo de funcionarios, prestos a inclinarse y a escribir la verdad condicionada. Hoy día es más fácil encontrarlos  que un pájaro que trine. Porque no vale cualquier pájaro. Ha de ser un pájaro de bello plumaje, un ídolo entre todos los pájaros, un pájaro arco iris, inmarcesible al desaliento cantor. Pongamos un jilguero. Una vez conseguidos se hace trinar, al pájaro, bajo diversos estímulos y se consigue que los prohombres o funcionarios escuchen, también bajo estímulos, la inacabable melodía canora. El prohombre, los prohombres o los probos funcionarios elegidos al “azar” habrán de quedar prendados de las dotes cantoras del jilguero, o del ruiseñor, hasta tal punto que preñados de orgullo patrio, no tengan más remedio que manifestar sin asomo de duda que el ave  trina en catalán. Los prohombres escriben en el libro, los niños leen y se empapan de las bondades de su bella tierra en donde nace trigo sin haberlo sembrado, y emocionados por el detalle que ha tenido el jilguero para con ellos.
 Y me diréis, pero hombre, están los mayores que han de utilizar su responsabilidad para evitar que los niños se crean ciertas cosas. Y una butifarra! Los mayores, que han viajado mucho y seguramente han leído aquel letrero que figuraba en algunos autobuses de una compañía catalana; no hable con el conductor, qué gana,  permanecerán en un suave letargo, esperando acontecimientos y pensando  que  si a los niños no les hace mal creer en Papá Noel, ni en los Reyes Magos, ni en la mona de pascua, porqué habría de afectarles creer en algo que han escrito prohombres inclinados? Por otra parte, para qué esperar a que algún malnacido español declare en alguna revista científica que los jilgueros son unos y trinan y lo hacen en castellano? Hay que adelantarse a los acontecimientos y si hay que fundar una academia de trino catalán, se funda y prou!
Así las cosas, en unos años los niños catalanes se manifestarán como los más felices del mundo, porque viven en un país en donde incluso los pájaros trinan en catalán y si no es así se traduce y se acabó el problema.
Y esto es lo que quería decir con aquella frase de AD HOC TRINA MIENTO. Opino que todas y cada una de las palabras cobran su exacto sentido y son claras y rotundas, salvo por el pequeño detalle de que no están escritas en catalán.

En Orense a tantos de tantos y 30 grados.

                           


jueves, 16 de marzo de 2017

El viaje.


  1. En cuanto el comandante Julián del Águila tomó el micrófono para saludar al pasaje, comprendí que nada malo podría ocurrir en aquel vuelo.
  2.  El día era claro y no se esperaban tormentas. En breve sobrevolaríamos tierras de varias regiones de Europa, para aterrizar, en dos horas y media, en el aeropuerto de München.  La voz del comandante sonaba segura y tranquila.
  3. El avión venció la inercia y en un leve balanceo  se dispuso a alinearse en la pista esperando la orden de salida.
  4. La cara de satisfacción del pasajero del 24 E mudó al instante en cuanto el aparato comenzó a moverse con un ruido preocupante de latas en la puerta más cercana a la cabina. Cesó en su movimiento mientras los pasajeros se miraban unos otros buscando seguridad en sus vecinos. Tres minutos más tarde, unos golpes de martillo en la zona de dónde provenía el ruido no contribuyó a calmar los ánimos; los más optimistas emitían chascarrillos y risas, tal vez para ahogar su preocupación.  El pasajero del 24 E tomó el manual E-30 de “instrucciones para caso de accidente” demostrando la inutilidad de los aspavientos de la azafata señalando las puertas de salida, minutos antes. El silencio del interior del aparato se convirtió en un murmullo de preocupación cuando a causa de los martillazos, o tal vez por una de esas casualidades impropias de la casualidad, una portezuela donde se guardaban los equipajes se abrió arrastrando un jersey negro cuya manga negra quedó colgando como un crespón intimidatorio. La pasajera del 24F buscó algo en su bolso y extrajo un rosario, negro, que no ayudó a tranquilizar a su vecino de asiento.
  5. Una voz ronca, sonó al fondo del interior del aparato: “que nadie se preocupe, aún no estamos en el aire y no tenemos por qué estar. Nos levantamos y salimos.”  Un murmullo de aprobación recorrió el interior y alguno de los más decididos se levantaron de sus asientos con la intención  de recoger sus equipajes de mano. Una azafata salió a la carrera hacia la cabina. La  voz modulada del comandante del Águila, sonó de nuevo segura:  Señores  pasajeros, les habla el comandante. Les ruego ocupen sus asientos, nuestras azafatas les servirán un refrigerio por gentileza de la compañía en tanto nuestros técnicos revisan el aparato. En cuanto disponga de más noticias, les serán comunicadas a la mayor brevedad.” Repitió el mensaje en varios idiomas más y todos advirtieron la cara de alivio de la alemana del asiento 16E.
  6. Los ánimos se calmaron ligeramente y los pasajeros que se habían levantado volvieron a sus asientos mirando con preocupación por la ventanilla del ala de donde provenían los ruidos.
  7. Abajo dos operarios maniobraban con una escalera móvil que estaban retirando en ese instante. El gracioso del asiento 26 A buscó en su móvil música y en el silencio del momento se pasearon de proa a popa  las notas del  réquiem de Mozart que nadie identificó, afortunadamente.
  8. Eso, eso, un poco de música para animarnos, se atrevió el pasajero del 15B.
  9. -          No seás pelotudo, quitá eso, se oyó la voz cantarina del pasajero del sombrero y acento argentino.
  10. -          Aún no estamos muertos, boludo, terció.
  11. El gracioso del 26A bajó el volumen, mientras la azafata retiraba la manga negra que balanceaba en lo alto cerrando  la portezuela con un movimiento enérgico. El capitán del Águila tomó de nuevo la palabra para intentar tranquilizar..
  12. -          Señores pasajeros, les habla de nuevo el comandante; nuestros operarios han detectado el fallo y lo han solucionado en tiempo record. Ocupen sus asientos, abróchense los cinturones, en breves momentos iniciaremos el despegue.
  13. Los pasajeros se miraron unos a otros dudando de la palabra del comandante. Malditos tiempos estos en que ninguna palabra te da tranquilidad.
  14. Entre las gracietas del pasajero del 26A , el vuelo AEFB325 tomó altura suavemente mientras se oían nítidos los rezos de la pasajera del 24F, pidiendo a dios que no la dejase morir sin haber conocido a su nieto. La azafata, atenta, le preguntó la edad del niño. Ella respondió que su hijo aún no se había casado, pero el Señor sería generoso.
  15. Dos horas más tarde, el vuelo tendría que aterrizar en Munchen.  La preocupación de los viajeros oscilaba entre el aterrizaje y la recogida de las maletas.
  16. Pero esa ya es otra historia.
  17.  
  18.  


                                                                                 


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martes, 7 de febrero de 2017

TIMEO DANAOS.

                                 





                               TIMEO DANAOS  ET  DONA FERENTES

Sonó el teléfono  en  el momento en que  estaba a punto de asar un chuletón y tuve un mal presentimiento.
 Conocí al instante la voz del otro lado. Todos tenemos, supongo, una sombra que no nos abandona, yo tengo dos; la mía y la suya, alargada y siseante.
-           Buenos días, Señó Sesa, le hablan desde Colombia.
Era  un profesor  de deporte  de mis hijos de sus años mozos  en el club que fue de mis amores. Qué tal cómo estás, cuánto tiempo  y todo eso.
-          Bien, muy bien, Señó Sesa, le llamo para saludarle y para mandarle unas cositas.
-          Por su madre, no me mande nada desde Colombia, podría ser malinterpretado y  acabar en la cárcel.
-           Noooo, se rió, estoy en Barselona, ya sabe uste que mi chaval está aquí dando clases en la academia de tal y tal  y he venido a verlo y aprovecho para saludarlo a uste, ya sabe  que le estoy muy agradecido por todo y bla y bla y blá.
 Dispuse el manos libres y mientras seguía con su voz cantarina, conseguí dar  la vuelta al chuletón, elaborar una salsa de boletus,  y freír unas patatas, acabando justo en el momento en que  me pasó a su hijo al que saludé cordialmente.  Aprovechando que estaba el mío  al lado y que fueron buenos amigos, le pasé el teléfono.
Mientras  hablaban, recordé aquellos tiempos, veinte años atrás y los apuros en que el bueno del hombre  conseguía meterme sin que pudiera deshacerme de su alargada sombra.  Ya decía el poeta aquel de la antigüedad, teme a los griegos aun cuando te hagan regalos. Tenía mis motivos para temer; cada fin de semana me endilgaba al bueno de su “chico”, que no tenía culpa de nada, a los torneos a que acudían los míos.  A  menudo era preciso pernoctar en algún hotel y el chaval nunca llevaba dinero. El dinero no era el mayor problema, sino la intimidad dañada y  la sensación de atraco  de tu tiempo libre. Para evitaros la tentación de que sospechéis de un comportamiento xenófobo por mi parte, os aclaro que el hombre que está al teléfono no es ningún inmigrante al uso; tiene propiedades en Colombia y ganaba un buen sueldo en España.
 Recordé también  las veces en que sigilosamente, abandonaba  la mesa siempre momentos antes de abonar  la cuenta, las pocas veces en que viajamos juntos, con otros padres. Y  sobre todo  aquella ocasión en que vino a verme.
-          Señor Sesa, quería pedirle un favor.
-           Usted dirá.
-          Usted  sabe que el trabajo aquí está malamente, quería ir a Barselona aprovechando el Torneo del Conde de Godó y hablar allí con gente que conozco, para ver si tiene un hueco para mí.
 Me temí lo peor.  Va  a pedirme dinero para el viaje, pensé. Ida y vuelta. Y estancia. Chaval, prepara cien mil pesetas. Al menos.
-          Aprovechando el torneo, me dijo,  quería que me prestase su cámara de vídeo para grabarlo. ¿Me haría uste ese favor, Señor Sesa?
Tenía en gran aprecio mi cámara de vídeo, que me había acompañado durante años y con la que había podido documentar media vida, pero me pareció el mal menor.  Y se la presté. Y no volvió. La cámara. El sí volvió y me pidió disculpas por habérsela dejado robar  en el tren. Nunca hice mucho caso a las malas lenguas que apuntaban a que la había vendido para pagar los billetes.
O aquella otra vez en que me llamó desde Barcelona, en donde estaba pasando las vacaciones para decirme que había enviado en el tren al “chico” y si podía hacer el favor de acogerlo unos días en mi casa que pronto iría a buscarlo. Era Agosto y las vacaciones programadas; pasó una semana y nadie apareció a buscar al “chico”. Lo llamé. - Perdóneme señor Sesa, he tenido algunos conflictos por acá y no he podido bajar; usted podría tenerlo ahí una semanita? – Pero hombre de dios, salimos de vacaciones en tres días. No podemos llevarlo con nosotros, tiene usted que venir a buscarlo.- No se preocupe, pues, señor Sesa, le mandaré a alguien que lo recoja. Finalmente alguien vino, seguramente para acogerlo también ocho días más en su casa de él y pudimos seguir con nuestra vida.
Me extrañó que mi hijo colgara sin que el buen hombre me hubiera pedido algo, pero seguí con la cocina hasta que cinco segundos  más tarde volvió a sonar el móvil.
-          Señor Sesa, quería decirle que acabo de enviarle unas cositas. Además le envío unas patatas de Colombia, extraordinarias, de un sabor muy rico y de un gran rendimiento .
-          A ver, a ver, buen hombre, le interrumpí, ¿para qué quiero yo las patatas?
-          Es para que las plante, señor Sesa, compruebe si se dan bien y si tiene algún amigo o cliente que se dedique a ello, podemos enviarle más.
No me lo podía creer. O sí. Me estaba proponiendo que le buscase salida a sus patatas de Colombia. De la manera más chapucera.
-           Señor G, si ya ha mandado el paquete lo recibiré, se las entregaré a mi suegra que las plante, pero no tengo tiempo ni puedo andar buscando nuevos negocios, de verdad que lo siento. Si no las ha enviado, no las envíe.
-          Entiendo, señor Sesa, no quiero que le sirva de molestia. El paquete ya ha salido con media docena de patatas, ya me dirá usted algo.
El chuletón despedía aromas a pimienta y a romero en rama. El punto adecuado, jugoso, terso y encarnado, como seguramente estaban mis mejillas encendidas de nuevo por la sombra del griego que te hace regalos.

Y ahí tenéis, un cuarto kilo de café y ocho patatas colombianas. Esto no es imaginación, la realidad es mucho más fértil.



En Orense a tantos de tantos.
 

 

viernes, 25 de noviembre de 2016

Yo escribí en el blog de Juan Tallón!



  1. (Esto escribí en contestación a un artículo suyo titulado: "Escritor, destrúyelo todo."
  2. No se debe destruir nada. Nunca se sabe qué puedes encontrarte en el libro menos pensado. Siga leyendo, puede ser de su interés.
    Esta misma mañana, rebuscando en un archivo diocesano nombres de ascendientes, un nombre me llevó a otro y éste al de más allá. Un anciano que estaba detrás de mí y me oyó pronunciar el nombre del personaje que buscaba (un egregio filósofo, al que intentaba entroncar con mi abuelo) me indicó en dónde debería buscar ese apellido; provenía, dijo, de tal pueblo, a la derecha de Vilardevós, subiendo. Imagine a un jugador de quinielas, que con trece aciertos en la mano, espera, pegado al transistor, el resultado de la casilla catorce; así pasaba yo las hojas de aquel legajo, a punto de deshacerse como la ceniza de un puro. Casi temblando dí con la relación que buscaba. Había coincidencia en el padre y en la madre. Incluso los padrinos de bautizo del filósofo y de mi abuelo eran los mismos!
    Atienda, que ahora viene lo interesante.
    Me levanté para hacer partícipe al anciano de mi descubrimiento e imagine mi sorpresa cuando a la vista del nombre del padrino apostilla sin inmutarse: este nombre sale en el libro de Silvio Santiago. Pásmese!
    Ese libro, Vilardevós se titula, y que seguramente usted conoce, aunque espero que no, para que tenga algún sentido toda esta verborrea, lo agencié yo al descuido en la librería de una amiga de Santiago, quien finalmente optó por la donación. No era El Capital, no era Los hermanos Karamazov; era Vilardevós!
    Mi sorpresa fue doble; que conociese el libro y que recordara el nombre de alguien sin nombre. Me levanté disimulando mi excitación, me despedí del anciano cortésmente, le pregunté su nombre, Ramón, y me dirigí a casa en busca del librito verde temiendo no encontrarlo. Allí estaba. Busqué el nombre en cuestión y efectivamente, se trataba de un castellano de carácter fuerte que no merece más espacio. Sí lo merece en cambio lo que descubrí y que espero sirva para que usted me perdone este manifiesto abusivo; hay un capítulo entero en el libro dedicado a Juan Tallón!
    Se trata seguramente de un antepasado suyo. Por dios, que así sea o no me perdonaría jamás esta temeridad. La verdad es que el capítulo, en sus manos se convertiría seguramente en una gran novela. Su “antepasado” tiene carácter y determinación.
    Si por algún motivo, no se me ocurre cual, no sabe del libro, con sumo placer le hago llegar el capítulo de la manera habitual en estos tiempos.
    Mil perdones.


lunes, 17 de octubre de 2016

El ánima Peregrina

                                                     



 “Presa quedó mi ánima de los misterios del Camino.”

Non quiero atribularos en exceso con el trágico acontecer de mi pasamiento a la otra vida; ocurrió y nada me ha de devolver al mundo de los vivos. Y he de alegrarme dello, ya que ningún suceder en él placer me ha proporcionado, descontados aquellos encuentros con la criada del amo, en donde yo también servía, espaciados y breves, cual coito de león. Pasaré pues sobre mi finamiento como tormenta de verano, que más ruge que humedece;  con todo, habedes saber que, de non tener sido tan trágico el momento, cómico sería.
Estaba yo esa noche algo rijoso, deseoso de hembra y ayuntamiento, cuando en la cuadra de la yegua llamada “Pacífica”, luces veo que por el olor parecen velas; las que usaba en la penumbra la jacarandosa criada. Barruntando en ello modo de sacar provecho, allá me dirijo palpando las paredes para huir del barro y la bosta de las vacas. La luz tintinea en el interior de la cuadra y doy en pensar que está sujeta por mano de Aldonza. Traspaso la puerta que se halla abierta, las manos por delante, cual ciego, por palpar cualquier obstáculo que diera en presentarse; y topé con sus nalgas. Más duras las noté que de costumbre y con más bello, como ásperas; y ya no sentí más que aquella coz que me lanzó contra la pared dando con mi cráneo en perpiaño, hundiéndome el bulbo raquídeo. Nunca me lo hubiera imaginado de la mula. Bien sabe Dios que ningún deseo libidinoso por ella albergaba; mas fecho está y allí quedé tendido. Al punto noté una luz que se acercaba y  alejaba de los mis ojos y un grito de mujer pidiendo auxilio y ya nada más sentí en esta vida.
Non habiendo fecho mérito para gozar del cielo, nin para sufrir de las penas del infierno y, en viendo que naide de mi ánima se ocupaba, decidí quedar vagando por la tierra.  De ello me congratulo pues saqué más aventuras de muerto, deambulando sin ser visto, de las que hube de vivo. Decidí al momento ameritar  el paraíso, que siempre oí fuese cosa grata de visitar una vez difunto. Y nada mejor para hacerme perdonar mis deslices de juventud que visitar al Santo Apóstol del que había oído hablar a la lumbre de la cocina a pordioseros, militares, cregos y otra gente de mal vivir, mientras viajaban al Campo de las Estrellas.
 Reinaba en Castilla la noche de mi muerte, Don Alfonso VIII, que Dios ha de tener en su gloria por haber dado matarife a miles de almohades en las Batallas de Tolosa; y en Navarra reinaba Sancho VI, El Sabio, mientras  era yo explotado por el amo por una adehala de miseria y las más de las veces por una taza de caldo acedo. De todo lo anterior, menos de mis miserias, que las viví, me he enterado en mis viajes a lo largo del Camino, oyendo fablar a las pocas gentes que en aquel tiempo por él transitaban; mayormente extranjeros, con sayos raídos, abarcas pobres y fediendo a abelmosco por haber pasado la noche entre ovejas, en el mejor de los casos.
He convivido, sin vivir, con gentes de toda condición, y en ninguno como en este  siglo en que vos relato, he conocido tales mesnadas de peregrinos, que más parece que vayan de excursión al arrollo que a besar el Santo. A muchos dellos,  la fiera mordida del rocío les atería las manos, no quedándole otra que utilizar la tibia orina que humeaba tentadora sobre la tierra helada como aliento de buey.
De todos, quien más mi atención atrajo fue un abade con quien trabé amistad, ya que captó mi presencia al acto mientras él oraba entre unas rocas. Abandonando sus rezos y plegarias, alzó la voz y dijo: “Desconozco quien eres, y el asunto  de tu penar; compañía has de darme si lo deseas, mas en silencio”.
Permaneció unos instantes en quietud, atento a los murmullos de los derredores y continuó, firme de que alguien le estaba escuchando: “Aemery soy, canciller de Papas; he atravesado varios países por venerar a San Jacques. Sufrido he penurias, he sido sometido a ilegales gabelas y portazgos en el País Vascuence, en donde sus ciudadanos no respetan las jerarquías sociales, son enemigos de la nación vecina, agresivos, impúdicos y animalizados en sus relaciones sexuales; su lengua  me infunde pavor. No así en la verde Galicia en donde abunda el pan, el vino y la sidra, sus ciudades bien pobladas y con variedad de mercancías, aunque sus habitantes sean también malos i viziosos.”

Aquel primero peregrinaje por los Santos Caminos, penetró en mí lentamente como el rocío en el musgo, de modo tal que mucho temo por la llamada para mi definitivo descanso; aunque barrunto que de mí no hagan ya memoria y obligado me vea a peregrinar por los restos. Harto costoso resultaría abandonar el rumor de los arroyos, el piar de las aves en las frescas mañanas de abril, el aullido de los lobos en procura de caza o el grato placer de andar por las límpidas aguas de riachuelos que serpentean en procura de  la mar.
                                  
Andaba yo en estas cavilaciones, cuando en la puente romana que hace de pasadera del río Bermaña, oigo el trotar  suave de una mula, a cuyo compás ondea elegantemente el cuerpo de un jinete canturreando. Al acercarse a mi altura, la mula cesó al instante en su trote, y piafando hacia donde yo en espíritu me hallaba, elevó sus cuartos delanteros dando en tierra con el cantarín caballero, que se levantó al instante sorprendido de la reacción del animal. Hablándole con suavidad y con un movimiento hábil de su mano, la arrendó a un carballo joven al tiempo que acariciaba su lomo susurrándole al oído: “Mía irmana fremosa, treides conmigo, a la iglesia de Vigo y miraremos las olas..”.
En habiéndose tranquilizado, desatola y siguió camino con el suyo canto que se me hizo ininteligible. 

Empero, claramente me llegaron las sus sosegadas palabras: “eehh, ehhh, mula…tranquila, Pacífica..”

                              

En el Camino por siempre, a tantos de tantos.




viernes, 16 de septiembre de 2016

JOSÉ ALFONSO ROMERO P.SEGUÍN





El día que el escritor José Alfonso Romero P. Seguín me ofreció presentar  su libro La hija del txakurra, en Orense, debí haber roto nuestra relación de amistad. Y no porque no me sintiese halagado, casi abrumado, sino porque tal como me excusé, apenas había escrito en mi vida un par de cartas al director, un par de relatos mal hilvanados y por supuesto, como todo adolescente que ha sido, un diario emocional de juventud que a dios gracias se habrá perdido para siempre.
Por algún motivo que desconozco, insistió en que yo era la persona adecuada, pese a todo.
Dejé pasar el tiempo con la esperanza de que se olvidase de la cuestión, pero no lo hizo. No quise defraudar su confianza y me puse con todo entusiasmo…a buscar un sustituto más digno. Vargas Llosa estaba algo ocupado y no quise molestar tampoco a Isabel para que intercediese por mí. Acudí a un célebre escritor Orensano, de proyección nacional, que tiene varios libros en el mercado y una prosa brillantemente jocosa. Es tan bueno que en la misma frase dice dos cosas contrarias y ambas parecen ciertas. Pensaba que para esa ocasión se pondría serio y aceptaría el desafío. Jugué fuerte mis cartas y le ofrecí en compensación dos excelentes botellas de licor café de mi cosecha, que imaginé no podría rechazar.  Me escribió una deliciosa sarta de excusas, que encontré sensatas, por lo que no le guardo rencor. Pero tampoco se bebió mi licor de café.
Ante el fracaso en mis negociaciones, no tuve más que remedio que ponerme a preparar yo mismo una presentación digna de tal acontecimiento; indagué en mis experiencias con el escritor, recordé nuestras charlas al amor de unas botellas de vino, nuestros intercambios epistolares en  internet y sobre todo, aspiré el halo de su escritura a través del libro cuyo borrador tengo el honor de poseer, además de la primera y segunda edición, y a través de sus colaboraciones en la prensa escrita. Trasladé todo ello a una libreta adquirida para la ocasión y que conservo, emborroné al menos 50 páginas de apuntes, marqué, señale, subrayé, borré y reescribí  palabras y frases para que quedase al menos una media hora de presentación digna. Lo tenía todo controlado. Tuve tiempo aún de acompañarlo a la radio ,en donde con toda profesionalidad nos recibió Paco González Sarria y de tomar fuerzas en un digno refrigerio que nos preparó José Luis de Pingallo, un amante de los libros, tanto que presenta la cuenta dentro de uno, que no debes llevarte a casa.
A la hora prevista, con mi libreta en la mano y una seguridad que para sí quisiera el más avezado presentador (la valentía de la inconsciencia), nos presentamos en el lugar de los hechos, en donde nos esperaba la prensa y un público entregado. Toda mi seguridad se desvaneció al instante, balbuceé durante tres minutos sobre insustancialidades, y según recuerdo, ni siquiera enumeré mérito alguno del autor de la obra. Tres minutos. El público no obstante aplaudió, tal vez agradecido por la brevedad del suplicio.
He acudido posteriormente, para escarnio mío,  en calidad de oyente, a alguna otra presentación del mismo libro en otros lugares, destacando la celebrada en la Facultad de Historia de la Universidad de Santiago de Compostela, a cargo de  los profesores e historiadores Lourenzo Fernández Prieto e Israel Sammartin B.  Resultó brillante, plena de sentido, de historia, de recuerdos, de contradicciones y “pasados incómodos”, resaltando, hasta la nada más absoluta, la realizada por mí.
No escribo esto por humildad, sino para resarcir una deuda que contraje con el escritor José Alfonso Romero P. Seguín, que ha tenido a bien colocar en la solapa de su segunda edición una frase mía, que le dediqué en mi blog, presentándome él con mi profesión y la palabra “escritor”.
No quiero dejarlo por mentiroso y tal como hizo Silvio Santiago con su libro Vilardevós, que escribió para no dejar por mentirosa a su hija, quien en la escuela había comentado que  su padre era escritor, le dedico este humilde recuerdo, mediante el cual espero se perdone por la osadía de haberme tildado de algo que estoy muy lejos de parecer y  mucho menos de ser.





Eso sí, aprendo día a día y tal vez uno, que por ahora parece lejano, tengas, escritor, que venir a presentarlo. Se titularía; No somos nadie, pero tenemos amigos importantes.


En Orense a tantos de tantos.

martes, 28 de junio de 2016

El hombre es un Brexit para el hombre.



                                                   

  
  •    Esta nadería que escribe, no tiene conocimientos suficientes, ni filosóficos ni históricos, para discernir si Cataluña tiene derechos suficientes para independizarse tomando las de Villadiego con armas y bagajes. Pero cada vez más a menudo sospecha que los catalanes se están inventando razones para distanciarse de sus hermanos, o primos, del Estado español. Están cayendo en una especie de trance en donde cualquier idea encaminada a odiar a España, prende con fuerza como prende la treixadura en la tierra del Ribeiro. Lo último que he oído en varios de ellos, que aún conservo como amigos, es que quieren fugarse de España porque aquí somos unos desalmados que votamos a corruptos. Y no diría yo que no, pero antes de decirlo quiero hacerles ver a mis amigos catalanes algo de lo que tal vez, debido a su inconmesurable amor por Cataluña, no se han percatado.
  • Comienzo: Convengamos como referencia, con permiso de jueces y fiscales, que el PP es un partido corrupto; sin duda tendremos que convenir que CDC también lo es, por idénticos motivos. 
  • En España hay un censo de votantes de 36.518.100 personas, entre residentes y no residentes. 
  • En Cataluña hay un censo de votantes de 5.555.199 personas, entre residentes y no residentes
  • En el "territorio Nacional" han votado al PP 7.906.185 personas, lo que significa el 21,6% del total del censo con capacidad de votar. 
  • En Cataluña, han votado al PP 462.637 personas y al CDC 481.839 personas lo que sumado significa el 17% del total del censo con capacidad de votar. 
De lo cual se infiere que el 17% de la población catalana con capacidad de votar ha votado a partidos corruptos, frente al 21,6% de la "población nacional" que también lo ha hecho. 
Una diferencia poco sensible como para  pregonar que somos tan diferentes. 
Salvo que se pueda demostrar que quien vota al PP en Cataluña no es catalán, y quien vota a CDC sea emigrante subsahariano.
Uno, en su nadería, no acierta a comprender como los catalanes, a quienes de siempre he tenido por personas cabales y de bien, se inclinan por los razonamientos empíricos de Rufián, en detrimento de los datos aportados por Borrell. Vista la calidad de ambos personajes, uno podría estar seguro de que la Independencia nunca será posible. Pero el hombre es un Brexit para el hombre, y tal como decía mi abuelo, follador incansable y viajero empedernido, vale más un gusto que mil panderos (razonamientos).
Confío en que la buena gente catalana enfríe sus sentimientos y mire con amplitud sin dejarse ofuscar por cantos de sirenas o por Don Juanes que una vez jodido, nada de lo prometido.

En Orense a tantos de tantos.






jueves, 9 de junio de 2016

Todo es relativo. Demostración.






El día que a Klauder Bastida le preguntó un periodista que por qué era el mejor, contestó con una humildad franciscana, impropia de un conquistador de su clase: eso es relativo.
Desde ese día, Klauder Bastida ha dejado de ser mi héroe. No expuso argumento alguno que nos llevase a la conclusión firme de que todo es relativo.
Ahora mis heroínas son dos psicólogas que trabajan en la misma planta en donde yo lo hago. Son jóvenes; podrían ser mis hijas. A veces coincidimos en el ascensor y en alguna ocasión, por no hablar del tiempo, he hecho algún comentario de esos que Juan Tallón calificaría de inteligente. El otro día mismo, les he preguntado cuál era su opinión profesional a cerca de las consecuencias de los bruscos cambios de temperatura en el carácter de las personas. Por no hablar del tiempo.
Sin embargo, el motivo de mi admiración hacia ellas, no radica en su juventud, ni en su aparente profesionalidad, ni en el atrevimiento a emprender que al parecer han demostrado. Mi admiración radica en que hace unos días, con una frase, una de ellas demostró, sin asomo de duda, la teoría de la relatividad. O sea, que todo es relativo.
Subíamos en el ascensor y uno, ensimismado en sus pensamientos, se olvidó de la pregunta inteligente del día. Ellas susurraban por lo bajo y no pude evitar oír de lo que hablaban.
-          Es una cuestión de sexualidad (susurrando)
-          Por defecto o por exceso…? (Susurrando también).
He ahí la frase de que os hablaba, aquella que demuestra sin asomo de duda que todo es relativo. Por exceso o por defecto…?
Porque pensemos. A los veinte años, lo natural es tener sexo siete veces a la semana, 30 días al mes, salvo los meses de 31  días y febrero, en que habrá que repetir los días 27 y 28 para no perder la media. Pero a los cuarenta y veinte, las cosas se ven de otra manera, los impulsos son más pausados y los lugares en donde practicar se reducen notablemente por causas posturales de naturaleza comprensible.
El problema surge cuando a los veinte años, coyundas como uno de 60.
Pero no es de sexo de lo que quería hablaros, sino de la teoría de la relatividad. La frase antedicha, “por exceso o por defecto…?” es la constatación definitiva de que todo es relativo, y que, tal como afirmaba mi abuelo materno, todo lo mucho es malo, y que los problemas existen, por defecto o por exceso.
Y era de esto de lo que quería hablaros. A quienes me tacháis de superfluo en la escritura, debería bastaros ese sesudo artículo, en donde se demuestra lo que se demuestra de la manera meridiana en que se demuestra, para cambiar de opinión, elevándome a la categoría de “aficionadoescritormaloperosexudo”.
En Orense a tantos de tantos.

                     

miércoles, 20 de abril de 2016

¿A quién favorece?



Cada vez que se perpetra un delito, dicen los criminólogos que  la primera pregunta que se plantea el investigador ya desde los tiempos de Rómulo, es siempre la misma:  ¿a quien favorece?
El periodismo, como el sacerdocio es vocacional y como éste, pasa el cepillo de vez en cuando, demasiado a menudo, a mi parecer, para satisfacer sus necesidades materiales. Y yo no tengo nada en contra, salvo si quieren convencerme de que lo que meto en el cepillo es por mi bien. Eso las Iglesias lo saben hacer de maravilla, pero no me lo esperaba, o sí, del periodismo.
Hace unos días, una cadena de TV entrevistó a un conocido ex_recluso que había sido condenado por pertenencia a banda armada, creo recordar. A Eta.  Yo no lo he visto, como no veo lo que no me apetece y sí aquello que me apetece. Perogrullo.
Enseguida se armó el clásico batiburrillo en las redes sociales, a favor y en contra. Y como siempre, se desvía la atención hacia lo secundario para no hacer frente a lo principal. “Los que critican la entrevista sin verla…” “Es una entrevista necesaria” etc etc.
Como no la he visto, no voy hacer una crítica de la misma, sino que pretendo, uno es así de inconsciente, demostrar que no es una entrevista necesaria en absoluto; es más, es una entrevista que como se demostrará más adelante si llegas, favorece únicamente a quien favorece.
Premisa primera para demostrar que no era necesaria la entrevista.
El entrevistado es un conocido ex_recluso, un maltratador de sus semejantes, conocemos de su vida y milagros, y diga lo que diga, en su favor o en su contra, sabemos que los maltratadores no cambian nunca. Por otra parte, si acepta la entrevista, se supone que no hablará mal de sí mismo. Y si lo hiciera, nunca sería tanto como daño sabemos que ha causado. Nada nos aportará pues su testimonio, que conocemos por autos judiciales. Por lo que diga, no perderá votos, sino que los ganará.

Premisa segunda para demostrar que no era necesaria la entrevista.
De la premisa primera, se deduce que la entrevista, al público que va dirigida, no le aporta nada que no supiera, pero sí al entrevistado que podrá capitalizarla en su provecho, saliendo de nuevo a la luz cuando estaba oscurecido y tomando un protagonismo que de ningún modo merece. Para sí quisiera cualquier candidato a cualquier cosa, una hora de televisión en horario de máxima audiencia. Que se lo pregunten a D. Pablo Iglesias.
Por último, si conocemos los índices de audiencia, podremos conocer el otro favorecido por la susodicha entrevista.

De todo lo anterior se deduce que la entrevista al innominado individuo sobraba y tan sólo favorece a la cadena de televisión y al propio entrevistado, sin que por ello quiera yo interferir en la libertad de expresión ni en la capacidad que cada grupo editorial tiene de hacer de su capa un sayo, eso sí, sin que pretendan tacharme de imbécil.